Una noche mágica

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Crónica de la octava Corrida de la Temporada Grande en la Plaza México

Una noche mágica fue la que nos brindó José Antonio Morante Camacho “Morante de la Puebla” el día de hoy en La Plaza México. Con, quizá, la mejor faena de su carrera en La México, Morante volvió a cimbrar todos los recovecos del embudo capitalino pero sobre todo, a dejar a flor de piel las sensaciones que sólo él puede dejar. No hay en el planeta taurino un torero capaz de expresar todo lo que el sevillano puede expresar y por eso, lo vivido hoy, será una de esas fechas que se recordarán por siempre.

Contrario a lo convencional, y pegado a tablas, Morante recibió a “Peregrino” por chicuelinas. Después vino un bellísimo quite con el capote a la espalda que hacía presagiar el “Quite de Oro” pero en la inventiva morantista, despidió al toro por arriba para rematarlo con un bello manguerazo. Ahí ya se vislumbraba la apoteosis porque el de Teófilo Gómez embestía con temple, suavidad, recorrido y emotividad. José Antonio brindó al público e inició la faena llevándose al toro de las tablas a los medios con trincherillas andantes tan suaves como garbosas. Ahí, en la boca de riego, quedó el burel: listo y como presagiando una obra de arte. El lado derecho del de Teófilo era grande y así de grande-o quizá más, mucho más- lo toreaba Morante. Muletazos con empaque, ritmo y belleza sobrenatural dibujaban sobre el ruedo una faena de antología. En el tendido, la lentitud de los muletazos producía corazones revolucionados y gargantas desgarradas mientras en la arena un genio sublimaba el toreo. Por la izquierda el toro no embestía de la misma manera, pero a Morante parecía no importarle e intentaba todo. De frente citaba al burel y con los vuelos acariciaba la embestida. El toro se paraba, pero el de La Puebla del Río pegaba la carrera para con la muleta plegada con el cartucho de pescado enjaretarle las últimas obras de arte (léase naturales). A por todas se tiró a matar y dejó una entera de efectos fulminantes. Los Gritos de “torero, torero” y la vuelta al ruedo a paso de príncipe enmarcaban una verdadera obra de arte llena de sentimiento.

Pero eso no fue todo. En el primero de su lote ya nos había dado una probada de ese arte tan suyo. Dos verónicas sobresalientes alborotaron los tendidos y cuando pensábamos que más lento no se podía torear vino una media verónica que tendrá calificativos cuando termine, porque da la sensación que aún no acaba. No hubo faena porque el de Teófilo no lo permitió. Pero Morante estuvo muy dispuesto (y hasta sonriente) toda la tarde. El toro se paró después de muletazos ralentizados que el sevillano había ejecutado con pureza. Una calurosa salida al tercio sellaba el idilio del andaluz con la afición capitalina.

También voluntarioso estuvo José María Manzanares pero pechó con el peor lote. El tercero de la tarde no se la puso fácil al alicantino ya que era tardo hasta decir basta y además nunca humilló. Manzanares abrevió y el público agradeció.

El quinto tenía su guasa e incluso le dio un buen susto porque se revolvía pronto y tiraba cornadas. Nunca dejó estar a gusto al torero pero sí hizo que José Mari sacara la casta. Una tanda por la derecha iniciando la faena y un trincherazo seguido por un cambio de mano a finales de la misma dejaron el sello manzanarista que tanto gusta.

Confirmó alternativa Gerardo Rivera pero no pudo triunfar. El que abrió plaza fue protestado por chico. Además saliendo de toriles era notorio que cojeaba de los cuartos traseros. Aun así el animal tenía movilidad. Rivera, con actitud, recibió a porta gayola y estuvo bien con el capote. Con la muleta también se puso de hinojos y en los medios empezó a correr la mano para rematar con una bella trincherilla. El de Teófilo era muy claro y noble por el pitón derecho sobre todo cuando se le daba espacio. Aunque Gerardo le pegó buenos muletazos, la verdad es que rara vez le encontró la distancia. Por esto, y por el abuso de adornos y dosantinas, la faena que apuntaba grandes vuelos, empezó a decaer. Antes de tirarse a matar, Rivera se llevó un susto al querer aplicar una arrucina que le salió mal precisamente por quedar mal colocado. Aplausos al toro en el arrastre y al tercio el confirmante.

En el sexto también recibió a portagayola aunque ya después no se acomodó. Rivera estuvo lúcido con las banderillas. Con la muleta el toro embestía sin transmitir y el torero toreaba sin ídem para retirarse en silencio.

La clamorosa salida a hombros de Morante de la Puebla por la puerta del encierro fue el perfecto epílogo de una noche mágica.

Ficha técnica: En tarde fría y ante unos 13,000 espectadores se lidiaron 6 toros de Teófilo Gómez. Muy justos y dispares de presentación. Destacaron el primero y el cuarto por su nobleza. Sobresalieron en banderillas Gustavo Campos y Diego Martínez por soberbios pares de banderillas en el cuarto de la tarde.

Morante de la Puebla (lila y azabache): al tercio y dos orejas.
José Mari Manzanares (azul marino y oro): silencio y al tercio.
Gerardo Rivera (sangre de toro y oro): al tercio y silencio

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Author: Luis Ortega

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