El idilio de un moustro y el adiós de un grande

image

Crónica de la 13va corrida de la Temporada Grande en la Plaza México

En una tarde histórica y por demás emotiva, Eulalio López “Zotoluco” y Enrique Ponce demostraron, como si no pasara el tiempo, el sitio que tienen y que ni siquiera en el retiro podrán quitarles. Ambos matadores estuvieron por encima de las condiciones del ganado enviado por Don Fernando de la Mora (quien deberá estar agradecido de que en el ruedo estuvieron dos toreros poderosos que disimularon un poco la mansedumbre del encierro de la divisa queretana) y dejaron una tarde para nunca olvidar. Porque no solo fue la despedida de un grande como lo es Zotoluco, sino que también fue la re consagración del idilio de un monstruo del toreo, como lo es Enrique Ponce, con la Plaza México.
Y es que Enrique Ponce tuvo una de las tardes más clamorosas no solo en esta plaza, sino en su, de por sí, antológica carrera. El valenciano dibujó el toreo y de no ser porque falló con la espada, estaríamos hablando de un triunfo de proporciones estratosféricas.
Con el segundo de la tarde, Ponce reafirmó su borla de consentido de consentidos en esta plaza. Desde que se abrió de capa con suaves verónicas, la manera de llevar al caballo al toro y dejarlo en él soltando la punta del capote, Ponce ya tenía en la bolsa al público. Posteriormente vinieron unas chicuelinas bellas y cadenciosas como quite y continuación del “enamoramiento”. Brindó al “Zotoluco”, compañero de mil batallas, y de inicio, sacando al toro de las tablas a los medios, trincherazos con la elegancia de un príncipe ibérico, demostró por donde iba la cosa. El toro noble, claro y con recorrido, embebido en la muleta tragaba sin chistar cada uno de las caricias del valenciano. Tandas por ambos lados calentaban el cotarro hasta que la Poncina hizo estallar la plaza. Hasta tres pases de esta creación se tragó el animal y con lo cual se culminaba un faenón. Gritos de “torero-torero” a un diestro tan querido como el que más. Una estocada un pelín trasera le consiguieron dos unánimes trofeos más sin embargo un injustificable arrastre lento al animal ponían una leve mácula a esta historia.

Sí de por sí ya había justificado con aquel segundo de la tarde, inconmensurable estuvo con el cuarto. Un toro que de salida y con el capote pareció tener más raza. Pero llegado la labor muleteril cambio de lidia para terminar siendo un manso que, incluso, buscó saltar al callejón al final de la faena. En una faena exquisita, Ponce deletreó el toreo por ambos lados: tandas en redondos, muletazos que no terminaban cuando ya empezaba el otro y un toro que se quería rajar pero terminaba embebido en la poderosa muleta valenciana. En la querencia natural Ponce se hizo del toro y cimbró hasta sus cimientos la plaza más grande del mundo. Cambios de mano con la cintura reventada y con una expresión que el mismo Baryshnikov hubiera envidiado. El arte poncista más vigente que nunca. Hasta siete pinchazos malograron una faena de ensueño que debió haber culminado con el rabo del toro en las manos del español. En su lugar, y aún con las manos vacías, pletórica y clamorosa fue la vuelta al ruedo.

El que cerró plaza fue un toro con más motor pero un tanto deslucido y que también terminó rajándose. La falta de clase y el genio del animal privaron a Ponce de estructurar su faena aunque sí logró destellos de su aquilatado arte.

Se despidió Zotoluco. La última figura mexicana se fue de los ruedos, y aunque su despedida no fue numéricamente tan triunfal como lo hubiésemos querido, Eulalio se fue de los ruedos demostrando su valía como torero y reconocido por el sensible público mexicano.

El primero de la tarde fue un toro con muchos kilos. Eulalio estuvo muy esforzado pero el de Fernando de la Mora ni tenía clase, ni recorrido, ni nada de ná. A base de insistir, aguantar y pisar terrenos comprometidos, Zotoluco logró muletazos por el izquierdo templados y de buen trazo. Por la diestra una tanda conseguida a base de riñones que remató con el martinete, demostraron el poderío del azteca. Pinchazo y estocada para culminar una muy meritoria faena.

El tercero de la tarde parecía apuntar más ya que salió buscando pleito y peleando en varas. Zotoluco lidió al animal y ahí el toro se empleaba con recorrido y embistiendo con transmisión. Después de brindar a sus apoderados, Alejandro Silveti y Alonso Cuevas, la faena inició con una extraordinaria tanda por el derecho que hacía presagiar una gran faena. Lamentablemente el toro cambió de lidia y empezó a pensárselas para embestir y a llevar la cabeza por alto. Deslucido el toro y desluciendo la faena del “festejado”. Con todo se tiró a matar el de Azcapotzalco para dejar una estocada entera que le valió una oreja.

El toro de la despedida al iniciar la faena de muleta, en un bello y espontáneo acto de nostalgia y reconocimiento, y al compás de “Las Golondrinas”, la plaza se iluminó con las luces de los celulares. Era la manera de un público fiel y sensible de despedir a quien tanto dio por la torería nacional. Lalo rompió en llanto e inmediatamente vino una tanda por derechazos en los medios que enmarcó el adiós. El toro, como sus hermanos, también se rajó y buscó refugio en tablas donde Zotoluco lo siguió pero sin poder conseguir demasiado. Una media estocada pasaportó al último toro de su carrera.

Después de que su hijo le cortara la coleta, una vuelta al ruedo acompañado por un mariachi y los 30 niños débiles visuales que han sido beneficiados por la “Fundación Zotoluco” ponen punto final a la brillante trayectoria de un torero honesto que hoy deja un gran vacío en la baraja mexicana. Hasta pronto, Lalo, gracias por tanto.

Ficha técnica: En una tarde agradable y ante unas 25,000 personas se lidiaron seis toros de Don Fernando de la Mora dispares de juego y presentación, resultando en su mayoría mansos.
Incidencias: el paseíllo inició 7 minutos más tarde de lo habitual.

Eulalio López “Zotoluco” (sangre de toro y oro): silencio, una oreja y vuelta al ruedo
Enrique Ponce (ciruela y oro): dos orejas, vuelta al ruedo tras dos avisos y silencio

Compartir...Email this to someoneShare on Google+Share on FacebookTweet about this on Twitter

Acerca de 

Author: Luis Ortega

Share This Post On

Submit a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.